domingo, 27 de noviembre de 2011

Guiños del pasado

Actualmente estudio la carrera de licenciatura en educación primaria, es decir, estudio para convertirme en maestro de niños de nivel primaria. Estoy en el último año de mi carrera y como corresponde, me encuentro en mi periodo de prácticas intensivas, en donde se me asigna un grupo de niños y yo, con apoyo de una maestra oficial (tutora), dirijo dicho grupo y le enseño. En resumen, se trata de practicar en "condiciones reales de trabajo". Mi relación con mis alumnos de 4° es muy buena, ellos tienen entre 8 y 10 años de edad, nos llevamos bien y me corresponden a la hora de aprender, aunque soy un maestro principiante y tengo mis fallos, siento que desarrollo bien mis clases y que juntos mis alumnos y yo vamos creciendo poco a poco.

El otro día, me encontraba yo dando clases en un día normal, fue entonces cuando llamó alguien a la puerta; era una maestra de otro grupo, de 3 °C para ser precisos. Ella me preguntó algo diciendo "disculpe maestro..." no recuerdo qué más dijo, ni presté mucha atención a eso en ese momento pues había algo extraño en la voz y rostro de aquella docente. Le respondí y ella me sonrió y se fue, esa sonrisa que te hace alguien conocido... Fue entonces cuando me percaté.
-¿Cómo se llama la maestra que acaba de irse?- le pregunté a un alumno. -¿Quién? ¿La maestra Carmelita?-. Estaba yo en lo correcto, entonces mi mente viajó en el tiempo: Estaba yo en primero de primaria, la maestra repartió unos libritos donde venían oraciones sencillas para aprender a leer "mamá Ema, papá Pepe,..."; por primera vez vi un mapa del país y encontré el lugar donde vivo demasiado chiquito, -imposible caber ahí-; fui llorando con la maestra porque un niño se burlaba de que mis dibujos parecían gallinas y mi maestra me explicó que me estaba faltando dibujarle brazos a mis personajes; la maestra nos llevó a recorrer por primera vez la escuela, pero como nos portamos mal ya no nos llevó a la planta alta...

En efecto, todos esos recuerdos entrecortados llegaron a mi mente porque esa maestra, la maestra "Carmelita" era la misma maestra que me enseñó tanto cuando tenía yo 6 años y cursé el primer grado de primaria, la maestra Luz del Carmen como yo siempre la conocí, mi maestra... ¡mi maestra acababa de llamarme "maestro"! Días después, la busqué y hablamos, con la sorpresa de que ella también me había reconocido desde la primera vez que me vio dando clases.

A veces pensamos que vamos sin rumbo por la vida, y dudamos sobre nuestras decisiones, cuestionándonos si de verdad deberíamos estar haciendo lo que hacemos, si de verdad estamos en el lugar en el que deberíamos estar, si de verdad convivimos con las personas que convivimos. Son estos pequeños guiños que te da la vida que te hacen comprender que el camino que sigues no son casualidades y que tus decisiones son las correctas cuando son salidas de tu propia fuerza de voluntad. Al menos a mí, esta experiencia me llenó de inspiración y despejó mis dudas ¿y a ti? ¿has vivido esos pequeños guiños que te la vida y despejan tus dudas? yo sé que sí, solo es cuestión de abrir los ojos. ¡Saludos!

atte. Yo ¬¬

2 comentarios:

  1. q lindo e inspirador..me siento identificada :P
    interesante titulo para la entrada, gracias por compartirnos tu experiencia :)

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  2. Que bueno amigo! Maestros de alma y vocación dejan siempre huellas imborrables.
    Todos deberiamos tener la suerte de poder hacer lo que nos gusta.
    Saluditos :)

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